Pocas son las veces en las que comenzar por el final, no solo es “un estilo”, sino una necesidad.
Hoy algo es distinto; soy un día más vieja, un gramo mas gorda o, o... Algo no me deja concentrarme, ni si quiera para poder escribir de ti. Tal vez sea esta sonrisa que viste mis labios, o este latir diferente de mi corazón.
Ayer, algo bailaba en mi entorno, embriagaba mi ambiente, me dejaba ver sin mirar, caminar sin pisar, estar sin estar.
Me descubría soñando sin soñar, sonriendo a un recuerdo que no podía claramente evocar. Pero que ahí estaba, conmigo y en mí.
Más de una vez quise entender que es lo que había ocurrido. Y no me refiero a las cosas en concreto y actos en sí, si no al por qué, al cómo y para qué. Sabía que para encontrar respuesta a tan compleja pregunta, necesitaba pensar, analizar, cuestionar y hasta aceptar.
Pero curiosamente, en el primer paso del proceso descubrí algo increíble: ¿pensar? Quien podría pensar cuando la mente está soñando, y cuando uno no quiere soñar para estar despierto y sentir la fantasía de la realidad a su lado.
Qué complicado suena todo esto, pero curiosamente es lo más cercano (aún en la lejanía) de lo que puede describir este momento, este mundo. Tu mundo y el mío, que en una extraña casualidad del destino, decidió unir dos simplezas para crear un surrealismo.
Pocas son las veces en las que sin morir, se puede abandonar la vida y curiosamente, cuando y donde menos lo esperaba encontré esa puerta tan anhelada.
Ahí comienza tu llamado a escena... Tu llamado en una obra donde sin saberlo los protagonistas finalmente seríamos tu y yo.
Sería la conjunción perfecta de la continuación de dos obras clásicas de Shakespeare, donde se culmina con una lagrima, y una muerte por el desenlace del amor...
En este momento, solo puedo darte las gracias por huir conmigo de este mundo saturado de locos que se miran unos a otros tranquilamente, sin darse cuenta de su triste realidad, en la que por miedo a ser distintos o a simplemente
“ser”, no logran conocer mundos como el tuyo y como el mio... ahora nuestro. Este mundo maravilloso, donde los días no importan, sino las noches de dos. En que un abrazo es el mejor sedante y un beso el mejor despertador. Donde tu esencia y la mía se confunden por la noche, no por la oscuridad del lugar, si no por la claridad del corazón.
Un mundo donde basta el contacto de las manos, aun sin haber disfrutado el sabor de primer beso para alejar las sombras que antes nos mantenían despiertos dentro de sueños convertidos en pesadilla.
Mi mundo subreal, donde habitamos los dos; un mundo, donde sin saberlo nos fuimos a encontrar.
Este escrito, continua siendo de mis favoritos...
ResponderEliminarGracias! Y hasta ahora veo que hay problemas en la publicación y hay líneas intercaladas donde no deben de ir..
ResponderEliminarLo arreglaré a la brevedad